El caso fue cerrado a los pocos meses cuando el calor veraniego borraba todo imperativo moral de los miembros del grupo. Annabel se había hartado de repetir que la hipótesis de trabajo que acabó por resolver el caso era la mayor falacia que jamás había oído. Sin embargo, su inminente viaje a un paraíso del sur con aquel poeta de fino bigote pronto acabó con su devoción por el método científico. Me lo confesó el último día, al salir por la puerta del departamento forense: le había podido el cuerpo y la piel; quería que lo del poetucho funcionara. -Échale un vistazo a los informes -me dijo con desgana mientras una sonrisa desconocida se colaba en su rostro marcial. Cuando la vimos salir por la puerta todos los que con ella trabajábamos la deseamos por un momento. Despojada de su carga ya no era ella, sólo un cuerpo que estaba deseando que la más lasciva lengua pronunciara su nombre. El poeta era ruso. Su lengua también. A veces charlábamos con vertiginosa sinceridad sobre nuestras intimidades cuando la presión ejercida por alguna atrocidad en la que estábamos trabajando nos recordaba lo banal de la vida. El poeta, el ruso, gustaba de escuchar los términos que se amontonaban en sus tratados de anatomía y ella amaba que él escribiera poemas con la nueva paleta técnica que le había proporcionado. Una noche tras explicarme las incoherencias -evidentes por sí solas- de la explicación del jefe decidimos impregnar nuestro descanso con licores. Ella entró en detalles y, llegada la madrugada, mis oídos incrédulos creyeron escuchar que Annabel me relataba como su amante, tras contarle los detalles del caso en la cama, le había escrito en su espalda desnuda su única obsesión, la constante que dotaba de sentido a aquél caótico absurdo al que se le presuponía orden: Macula lutea.
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Cada vez pienso más en la muerte.
“Lo absurdo me aclara este punto: no hay mañana. Ésta es en adelante la razón de mi libertad profunda”.
Yo no puedo decir más. Yo no soy él. Y, sin embargo, ver un pájaro muerto tan cerca del cielo se me muestra como el mayor tratado sobre el existencialismo.

I think on death more and more.
“L’absurde m’éclaire sur ce point : il n’y a pas de lendemain. Voici désormais la raison de ma liberté profonde”.
I’m not able to say more. I’m not him. However to see a dead bird so close to heaven is the best treatise about existencialism.
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Como una gota de tinta que cae e impregna el folio blanco los ojos de Pedro Cazuela se derramaron en mi pupila. La sombra marcaba el final de la infancia.
Peter Pan’s eyes spilt out on my pupil like an ink drop that falls and impregnates a blank sheet. Shadow marked the end of childhood.

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In memoriam…

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