Macula Lutea (i)

There are more things in heaven and earth, Horatio,
Than are dreamt of in our philosophy.

Hay momentos estelares en la historia que fascinan el pensamiento de los más grandes hombres. Desde la Caída de Constantinopla a la conquista espacial de nuevos mundos esos imponentes acontecimientos han merecido las plumas de los más eximios académicos y artistas. Sin embargo, los hombres extraordinarios y los poetas melancólicos obvian el terrorífico vacío del absurdo de aquello que sólo uno vio. No lo habrían soportado como él lo hizo. Antes se habrían arañado las córneas para que no se apoderase de su memoria aquellas imagenes que ahora se olvidan y se borran en el cerebro putrefacto de aquel hombre. Sus versos y su lógica conclusa y perfecta perecerían en una implosión instantánea que succionaría hasta sus almas. Nada quedaría. Vacío y hombres que no podrían recuperar la conciencia.
Nosotros recuperamos el cuerpo. Fuimos los primeros en entrar y ver, con espanto y náusea, su cuerpo y rostro sonriente, inerte. Sus manos estaban allí, descansando a más de tres metros del final de sus brazos, clavadas las uñas en un techo agrietado colgando de la escayola,. Se respiraba el ansia de vómito de nuestro cuerpo porque aquel hombre sonreía y nos miraba nuestras nucas estando frente a él. Oímos algo desprenderse más allá de nuestras espaldas. Dos veces. Como si aquellas paredes dejaran caer su corrupción. Eran sus ojos. Dos minúsculos puntos amarillos no quisieron caer. Los superiores hicieron su trabajo. Jimmy vomitó las alubias enlatadas de su madre en el rellano. Después de aquello, los mecanismos de poder hicieron todo lo posible para que Jimmy abandonara el grupo. El jefe estaba harto de su bilis y sus alubias, el más inoportuno detergente para cualquier rastro o señal que sirviera en nuestra absurda arqueología. No volvimos a oir de él hasta el día que James nos enseño las fotos de su cuerpo ahogado y purpúreo en una lavadora industrial. Dicen que fue el último caso. Los ojos los encontro un subordinado mirándole fijamente desde el cajón del suavizante.

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